Un alud provocado por avalanchas de
lodo, árboles y rocas sorprendieron la madrugada del martes 26 de enero la
pequeña ciudad de Cusco, al sureste de Perú, un lugar que alberga a la
ciudadela inca Machu Picchu, muy visitada por los turistas.
María de los Ángeles Pontiggia, una
villeguense de 22 años que estudia Ingeniería Ambiental en Buenos Aires,
terminó involucrada en semejante tragedia junto a una compañera de la facultad,
como corolario de un viaje de placer que habían programado.
En total fueron 764 los argentinos varados
por el violento temporal que, desde el viernes 29, comenzaron a llegar desde
Perú en vuelos programados por la Fuerza Armada Argentina. Felizmente María de los
Angeles logró embarcarse en uno de ellos y regresar el lunes 8 por la noche a
su Patria.
En diálogo con Actualidad, y
encontrándose aún en la ciudad de Buenos Aires, donde cursa sus estudios, contó
su travesía: "nuestro viaje comenzó con la intención de recorrer Bolivia y Perú. El 22 de enero iniciamos nuestro
recorrido por El Camino del Inca. Luego de cuatro días conocimos Machu Pichu, y
recién allí nos alertaron acerca de la caída de un puente debido a la crecida
de un río. Entonces, nos indicaron bajar a Aguas Calientes, un pequeño pueblo a
110 kilómetros
de Cusco. Cuando llegamos nos encontramos con un gran revuelo de gente."
En el pueblo había cerca de 3000
turistas esperando ser trasladados a la Argentina. La villeguense y su
amiga pasaron la primera noche en buenas condiciones, a pesar de la
desorganización que aún reinaba, pero fueron previsoras y se abastecieron
prontamente con agua y comida. "Ya a partir del segundo día se comenzó a
organizar la evacuación por edades, priorizando a la gente de mayor, las
embarazadas y los niños. La comida comenzó a llegar en helicópteros y se
habilitaron la municipalidad, el centro cultural y la escuela para que
durmiéramos," rememora María de los Ángeles.
Y continuó con su relato, desdramatizando un
poco la situación. "Nosotras no tuvimos miedo, tal vez el tema se exageró un
poco en los medios. Nos movilizó la incertidumbre por saber cuándo volveríamos,
y cuando nos enteramos de la turista fallecida (haciendo referencia a Lucila Ramallo, la única argentina entre los 10 fallecidos que se
contabilizaron en la tragedia), tomamos
conciencia del peligro que podríamos haber corrido".
La comunicación con familiares y amigos
resultó bastante dificultosa en esos días, ya que debían hacer grandes colas para
llamar por teléfono o para acceder a Internet.
Y "cuando arribaron los militares y llegó
el momento de partir todo lo programado se desorganizó. Nosotros nos limitamos
a hacer cola desde muy temprano para subir al helicóptero, lo que pudimos hacer
cerca del mediodía", agregó.
La joven villeguense recuerda los momentos
vividos y reconoce que, tal vez, no fueron totalmente concientes de la
situación, "porque no recibíamos información de lo que sucedía realmente".
Igualmente, sostuvo que "volvería a
Perú porque es maravilloso para recorrer y seguir conociendo. Lo que sucedió
nunca había pasado, el río creció de manera inesperada, supuestamente debido a
un fenómeno ambiental", expresó la futura Ingeniera.