No
se priva de nada. De lunes a viernes de 9 a 13, en "Negrópolis", su
programa en la Rock&Pop, dice lo que se le da la gana. Lo mismo en
el libro que acaba de publicar. Y por supuesto, en un reportaje mano a
mano con el periodista que sea. No hay tema que no toque y cada
respuesta tiene su toque personal. Destila humor pero es mucho más que
una humorista. En sus respuestas que invitan a la risa y al asombro, hay
mucha sabiduría.
De movida, para romper el hielo, dice sin filtro
y sin anestesia: "La mujer en general me parece una persona
aburridísima. Están todo el tiempo mirándose las unas a las otras,
viendo quién tiene menos celulitis, la mejor pilcha... El mundo de las
mujeres me es bastante ajeno en ese sentido. Me divierto mucho más con
hombres que con minas".
Para los varones también tiene palos. Y
tan duros que deben ser de quebracho. "Los hombres son totalmente
'mameros'-afirma-. La Vieja es intocable. Son más tradicionales que
nosotras. Quieren ir a comer a la casa de la mamá. Nosotras no se lo
permitimos. Tenemos cosas que solo una mujer las entiende. La mamá es la
primera con la que peleás el amor de un hombre".
Pero no todas
son pálidas. "Me gusta el hombre que me puede, el que manda -confiesa-.
El que tiene más poder que yo en el sentido de tener la última palabra.
Pero no se da mucho. Si hubiera encontrado uno así me habría quedado con
él".
Como la charla es a corazón abierto, la Negra dice lo que
pocos se atreven a admitir en público. Incluso, hay quienes ni siquiera
se atreven a pensarlo. Porque lo siente, porque necesitaba decirlo,
porque alguna vez le rompieron el corazón, el tema que tira sobre la
mesa es el amor. Que es, a no dudarlo, la más bendita de las
maldiciones. Lo dice ese poeta inmenso que es Macedonio Fernández:
"Mientras duró de todo hizo placer. Cuando se fue nada dejó que no
doliera". Y lo dice, a su manera, la Negra Vernaci.
"El amor
eterno es imposible -asegura-. Es imposible seguir enamorado todo el
tiempo de la misma persona con la misma intensidad. Me gusta estar con
hombres, me divierten. Un ratito. Todo el tiempo no. Es como tener sexo.
Si todo el tiempo lo hacemos despacio me va a aburrir. Si siempre es
rápido me va a aburrir. Tiene que haber cosas nuevas. 'Uff, ya sé lo que
va a venir', pensás. Por eso uno termina yéndose. No soy de recordar el
pasado. Se termina algo y se termina. Vivo el presente continuo".
SIEMPRE VIGENTE
A
los 50 años Elizabeth Vernaci se divierte con los hombres y los que la
escuchan cada mañana se divierten con ella. Pero en este momento se
puede ir más lejos que reír con sus transgresiones de cada día. Su
libro, "Kilómetros de Negra" la muestra, la expone en realidad, como
nunca antes. A través de sus páginas y de sus declaraciones, es posible
enterarse que durante su infancia inventaba familias que vivían en el
infierno y durante su adolescencia se enfrentaba con su madre con una
dureza difícil de imaginar. Y cuenta por qué.
"Todo el tiempo me
inventaba familias disfuncionales -recuerda-. Y cuando iba de viaje con
mi mamá decía que era adoptada y que ella era mi hermana. Siempre
inventaba algo diferente de la realidad. Supongo que no me gustaba
demasiado la que me tocaba vivir. Durante mi adolescencia era malísima.
Le decía cosas horribles a mi mamá. Me molestaba que se tuviera lástima.
En algún lugar ella tenía esa característica que sigo detestando en las
mujeres: la mujer llorosa, lastimosa".
Esta periodista que desde
el primer día que pisó una radio se dedicó a romper las reglas
establecidas, en otros aspectos es abiertamente tradicional. Es decir,
respeta determinadas reglas a pie juntillas. "Reivindico las tradiciones
y el origen de cada uno -asegura-. Cuando sabés de donde venís, no sé
si sabés adónde vas... pero vas más armado. Y la gente que no se banca
de donde viene y quiere ser otra cosa... La morocha que se tiñe de
rubia, esa disconformidad constante que pasa más en las mujeres que en
los hombres... Yo me identifico más con los hombres por eso: de última,
todo lo solucionan jugando al fútbol o a las piñas. Las minas no. Somos
retorcidas".